
No concilio el sueño. La muerte de Antoñete trae una noche sin estrellas. Sólo los fogonazos de recuerdos la alumbran. Tuve la inmnensa suerte de idolatrarlo de niño y luego ser su amigo. Chenel no quería morirse. Había apurado la copa de la vida ... Pronto y en la mano, Chenel
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